
Por las noches siento la increible necesidad de tener infinita cantidad de mezclas químicas corriendo por mis venas, calmando el golpeteo que hay en mi pecho. Tiempo hace que deje de invocar a los dioses de las farmacias y demás drogas poco licitas. No fue el mejor momento, la calle y su oscuridad me absorbió. Extraño quemar mi piel con un encendedor, sentir el ardor de la vida.
Estaba apagandome, quería morir. Esperaba que fuese cuestión de tiempo para que algo pasara y mi vida se viera finalizada. En cada esquina buscaba la muerte, mi comportamiento suicida era uno de mis mayores entretenimientos. Nunca había sido tan libre, nada me asustaba. Cuanto más cerca de el fin estuve, más libre fui. Mis pensamientos se alborotaban en mi cabeza noche a noche, pero esta vez tenía soluciones magicas para dejar de pensar. Quién hubiera pensado que todo eso iba a durar tan poco…
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