Apaga las luces
y arrojemos nuestros pensamientos sobre la cama. Háblame de todas las cosas que
no puedes liberar, háblame de la persona que te uso, cuéntame sobre la última
pelea que tuviste con tu padre, y cómo no te tragaste tu orgullo para arreglar
las cosas con él, cuéntame eso que te da miedo contarle a los demás.
Compartamos esos secretos venenosos en la cama y esperemos curarnos antes de
que amanezca.

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